sábado 31 de octubre de 2009

"VIAJE DE ESTUDIOS A ARMENIA DEL INSTITUTO MARIE MANOOGIAN,JULIO 2009",POR AGUSTINA ALMEDA Y TAMARA BALYAN.


Era un día de lluvia como esos en Mar del Plata. Se prestaba para las paneras llenas de lavash y pan casero, mermeladas, madzún y el Mccofee del desayuno del hotel. Nuestro destino ese día era Datev, el complejo monástico plantado entre montañas altísimas y precipicios.Rosita estaba re - nerviosa, parece que le dan miedo los precipicios y especialmente este camino, porque era sinuoso y peligroso,en muy mal estado. Por suerte volvimos todos vivos, pero se puede imaginar lo estrechas que eran las curvas con solo mencionar que tuvimos que repartirnos entre 2 combis y un taxi,porque el micro grande no pasaba (Ya hay un proyecto para la construcción de un cable-carril, que cruzará las montañas y llegará a 2600 m de altura).

A medio camino, subiendo la montaña, paramos en Sadanaí Gamurch(El Puente de Diablo), las aguas termales medio frías, famosas por sensibilizar ciertas zonas en los hombres. Hay una piscina natural muy adecuada para ese efecto. El día estaba destemplado. Los chicos no se metieron (solamente Harry,el valiente) pero varias chicas sí, con lo que teníamos a mano, -porque no todas tenían mallas-. Fue todo un trastorno cambiarnos entre las piedras. Desde la pileta natural de arriba, podías deslizarte asiéndote a una soga, hasta muy abajo,por donde pasa el río entre grietas profundas.Pero la leyenda cuenta que todo el que pasa por debajo de este “Puente del diablo” no sale del otro lado. Nuestros acompañantes no quisieron arriesgarse a probar si la leyenda era cierta o no, así que no nos permitieron ni acercarnos a la soga, muy prudentes.

Empapadas, frías, casi azules, regresamos a las combis para hacer unos pocos km. más, y llegar al convento. Cuando llegamos a este insólito lugar (digo insólito por su entorno, como muchas otras iglesias en Armenia), lo único que se divisaba eran los 10 metros que nos rodeaban: la espesa niebla se encargaba de cubrir todo el resto.

Datev es un conjunto monástico del S IX donde se copiaban manuscritos, que eran escondidos en pasadizos secretos y nichos entre las paredes, en caso de ataques enemigos. Allí mismo funcionaba una universidad, donde se enseñaba oratoria, gramática, literatura, religión, matemática, etc. De estos monasterios dependían aproximadamente 677 pueblos de los alrededores. Fue además, sede del obispado de Syunik. Llegó a tener alrededor de 1.000 monjes.

El complejo es bellísimo. Está compuesto por tres iglesias, biblioteca, campanario,y otras construcciones auxiliares.La iglesia más antigua, “Boghós-Bedrós”, es la única que tiene puerta cancel que separa la entrada de la parte donde se hace misa, para aprovechar el lugar como recinto de reuniones. Cuando nos estábamos yendo, comenzaba la misa,con los pocos presentes, pero con total devoción, nos pareció. Recorrimos ese lugar tan frío y tan cálido a la vez. Difícil va a ser olvidar ese rato que pasamos en los laberintos de piedra, subiendo y bajando de cámara en cámara, probando los ecos y algunos asomándose hacia fuera sin que los otros los vean. No faltaron los que padecían vértigo y miedo a las alturas,aunque no se veían los precipicios del fondo, sino una gran nube blanca que no dejaba ver nada, ni ser conciente de lo que escondía.

Más tarde,el sacerdote del lugar al vernos con las viandas(teníamos planeado hacer un
picnic en las cercanías) se apiadó de nosotros.A pesar de que muchas chicas estábamos en short, cosa que no está bien vista en Armenia y menos en una iglesia, nos permitió almorzar en el refectorio del convento, el mismo lugar en que los monjes almorzaban hace mil años: increíble. Uno de los almuerzos más recordados.Rosi hizo 80(¡sí, 80!) sándwiches de lavash, con un fiambre medio extraño, queso, tomate, y pepino. Les aseguro que no quedó ni uno.Luego duraznos, damascos, ciruelas y chocolates.

De regreso, el chofer, que era del pueblo de Datev, no quiso dejarnos ir sin que pudiéramos apreciar la magnificencia del convento. Condujo la combi hacia el lado contrario al camino, y desde un mirador, vimos todo el paisaje, nítido.Nos dimos cuenta de dónde habíamos estado parados al sacar esas fotos: a 50cm de unos precipicios piedra, daba escalofríos.

La vuelta fue terriblemente agitada,literalmente, no recuerdo otro transporte en mi vida que se haya movido tanto, al punto que los que dormían se despertaban de los sacudones. Los paisajes más increíbles. Algunos estaban muertos de miedo; otros, fascinados…

Éste fue unos de los días que más disfrutamos de Armenia, en todos sus aspectos, pero sobre todo, por los relacionados con la inmensidad de la naturaleza,y cómo los hombres se adaptaron a ella.Fue entrar en contacto con cosas que muchos ya conocían, pero otros vivenciaron por primera vez. Pero pienso y pienso, y siempre llego a la misma conclusión: lo más increíble de Armenia no son sus paisajes o sus iglesias, sino estas dos cosas combinadas, esas iglesias en esos lugares, una combinación explosiva que a muchos nos emocionó y nos emociona.¡Qué lindo que es Armenia!.No hay que aclarar.

FUENTE:www.sardarabad.com.ar